dimarts, 3 de setembre de 2013

¿Nueva democracia, nuevos ciudadanos, nueva ciudadanía?


¿Nueva democracia, nuevos ciudadanos, nueva ciudadanía?. 1
LA ERA DE LA INFORMACIÓN.. 2
APARICIÓN DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES. 2
DESLEGITIMACIÓN.. 3
TECNOCRACIA.. 4
NUEVAS TECNOLOGÍAS Y DEMOCRACIA.. 4
DESAFÍOS. 5
NOTAS. 6
  

LA ERA DE LA INFORMACIÓN


La confluencia de tres elementos aparecidos a finales de los años sesenta contribuyó a la aparición de un nuevo período, que se ha dado en llamar “La era de la información” (Manuel Castells):
  • Revolución de las nuevas tecnologías de la información, donde la utilización, desarrollo y difusión del conocimiento y de la información han sido mucho más rápidos que en épocas anteriores (1)
  • Crisis de los modelos de desarrollo económico tradicionales.
a)      La economía planificada (la URSS, especialmente), incapaz de asimilar la revolución tecnológica, vio cómo se estancaba su crecimiento económico al tiempo que se debilitaba el poderío militar.
b)      Las economías capitalistas, por el contrario, evolucionaron hacia una nueva forma de economía de mercado globalizada e interdependiente, donde el capital se gestiona las 24 horas del día en mercados financieros que funcionan en tiempo real y en el que el volumen, la velocidad y la complejidad de los flujos financieros globales ha aumentado espectacularmente.
  • Aparición de movimientos sociales y culturales de diversa índole, vinculados a la crítica a la sociedad de consumo y que comienzan a deslegitimar al estado en los procesos democráticos (2)

APARICIÓN DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

   Comenzado ya el siglo XXI, la crisis financiera (2008) y la de los alimentos (2010) amenazan a Europa/EEUU y a los Países Árabes, respectivamente. Aparecen las condiciones que favorecen la revolución social: sólo era necesario un detonante.

            i.         El 6 de junio de 2010, la policía egipcia golpea hasta la muerte al bloguero Jaled Said en un cibercafé de Alejandría.
          ii.         Poco tiempo después, el 17 de diciembre del mismo año, aunque esta vez en Túnez, Mohamed Bouazizi se inmola, quemándose ante un edificio del gobierno como protesta: su negativa a pagar un soborno le impedía comerciar en su establecimiento de frutas. Horas después, cientos de jóvenes protestaban delante del mismo edificio, mientras el primo de Mohamed grababa la protesta y la colgaba en internet. Tras varias represiones sangrientas en diversas manifestaciones espontáneas en todo el país, el jefe del estado Mayor de las FFAA tunecinas se negó a disparar contra los manifestantes, lo que le costó su cargo. Sin embargo, el 14 de enero,  el dictador Ben Alí y su familia abandonaron Túnez, camino a Arabia Saudí.
        iii.         Algo más lejos, en Canadá y el 2 de febrero del 2011, la revista Adbusters publica un editorial convocando manifestaciones  similares a las de Oriente Próximo.
        iv.         En España, el 15 de mayo se produce una manifestación convocada por la plataforma Democracia Real YA, donde se calcula que en total participaron unas 130.000 personas.







Las características comunes a estos movimientos son:
  • En cuanto a su génesis, una chispa de indignación es lo que los desencadena, indignación que surge como reacción a un sentimiento de justicia vulnerada.
  • Son locales y globales al mismo tiempo: están conectados en red de varias formas
  • Expresan sentimientos y agitan debate, pero no crean partidos ni apoyan gobiernos, a pesar de que apoyan una democracia deliberativa directa basada en la red o internet como reacción ante la incapacidad de las instituciones tradicionales de la sociedad para gestionar las crisis existentes (3)

DESLEGITIMACIÓN

Revolución de las TIC, crisis económica, movimientos sociales, desconfianza hacia las instituciones políticas clásicas: los desacuerdos entre el poder y los ciudadanos se han multiplicado. Internet, la web, ha abierto un nuevo espacio de debate. En adelante, una decisión política se considerará tanto más legítima cuanto más se haya discutido y preparado previamente en un marco público de este tipo; los ciudadanos posiblemente considerarán que gobernar democráticamente quiere decir organizar esta interacción de la manera más abierta posible (Pierre Rosanvallon, “La legitimidad democrática”, 2010).  Es necesario, según el parecer de algunos, buscar alternativas o, por mejor decir,  combinaciones  complementarias a las tres actuales formas de representación (política organizada, expertos o tecnócratas e intervención social directa)

  Robert Dahl (“La Democracia y sus críticos”, 1992) identifica dos transformaciones en el proceso histórico de la democracia: la primera tuvo lugar a comienzos del siglo V aC donde varias ciudades-estado que habían sido gobernadas de forma antidemocrática por tiranos, aristócratas, oligarquías o monarquías, se convirtieron en sistemas en los que una cantidad significativa, aunque restringida, de ciudadanos  (varones, adultos y libres) tenían derecho a participar directamente en el gobierno de la ciudad. Nació el núcleo de las modernas ideas democráticas. Sin embargo, y pese a su influencia, el sistema tenía sus limitaciones.  El surgimiento de Estados-Nacionales a lo largo de los siglos XVII y XVIII, de mayor extensión y, por ende, de mayor ciudadanía, obligó a reestructurar el sistema de gobierno: ya no era posible que los ciudadanos participasen directamente en los asuntos del Estado, por lo que era necesario que lo hiciese una representación de éstos. Lo que Dahl  destaca en su libro es que la mayoría de las actuales instituciones representativas de la democracia no aparecieron de la nada, sino que derivaron de modificaciones específicas y sucesivas  de las instituciones ya existentes.  A medida que los movimientos sociales en pro de una mayor democratización iban cobrando fuerza, no fue necesario crear una institución representativa, pues ya existían representantes de sectores sociales concretos (aristócratas, terratenientes, comerciantes, etc), por más que fuesen antidemocráticas; es lo que el mismo R. Dahl denomina “proceso de aproximaciones sucesivas”. La primera transformación democrática desbordó los límites previos de un gobierno tradicional de unos pocos. La segunda transformación superó los límites de todas las estructuras anteriores, al aplicar la idea de democracia a una jurisdicción mucho más amplia.

Un proceso similar describe A. Tofller (“La tercera ola”, 1980)
“Lo que ahora llamamos democracia surgió sólo cuando la carga decisional rebasó súbitamente la capacidad de la vieja élite para manejarla. La llegada de la segunda ola, trayendo consigo una expansión del tráfico comercial, una mayor división del trabajo  y el salto a un nivel completamente nuevo de complejidad en la sociedad, causó en su tiempo la misma clase de implosión decisional que la tercera ola está causando hoy”
                                                                                    
La actual crisis económica está poniendo de manifiesto la contradicción principal entre democracia y capitalismo: ¿Cómo podrán ser los ciudadanos iguales en el plano político si la riqueza o posición económica de los actores políticos –los ciudadanos- no está distribuida de forma equitativa?, ¿cómo existirá entonces la democracia?  Hay que tener presente que las tres condiciones para el ejercicio de la democracia son la igualdad en las posibilidades del ejercicio de la coacción violenta, la igualdad en las posiciones económicas y la igualdad en la distribución de conocimiento e información. (R. Dahl, “La democracia”, 2012)

TECNOCRACIA

 ¿Estamos en presencia de una tercera transformación tal y como sugieren los autores? Si es así, y si se sigue el mismo proceso que en las anteriores (nótese la rapidez en los cambios o procesos: dos mil años en la primera, trescientos en la segunda), será necesario adaptar las instituciones políticas existentes a las nuevas demandas de la sociedad. Hay que entender que la democracia requiere que, en palabras de Habermas (“La constitución de Europa”,2012), los destinatarios de las leyes sean, al mismo tiempo, sus autores.  Los ciudadanos  solo están sometidos a las leyes que ellos mismos se han dado en un procedimiento democrático, y que basa su legitimación en la inclusión de todos ellos en el proceso, el cual incluye necesariamente  un proceso deliberativo previo (4)


Recientes acontecimientos “La tecnocracia desaloja la política” (http://elpais.com/diario/2011/11/18/internacional/1321570805_850215.html)
nos hacen pensar que es muy probable que se repita la tendencia a constituir gobiernos de tecnócratas, de elites especializadas. Sin embargo, las decisiones  sobre asuntos que atañen a todos necesitan de juicios morales, no sólo técnicos. ¿Es defendible la postura según la cual estas élites políticas poseen un saber moral superior que les permite discernir qué es el bien común, especialmente cuanto más especializado es su conocimiento? Además, la gran mayoría de las decisiones se toman en contextos cambiantes, donde la incertidumbre es cada vez mayor. ¿Qué puede hacerse para evitar tal desplazamiento en la toma de decisiones del pueblo a la tecnocracia? Si el proceso democrático no está fundamentado en el primero, esta tendencia continuará acrecentándose. El problema reside en la brecha que se ha abierto entre las elites políticas y la ciudadanía. ¿Qué hacer para acortar esa brecha?  Dahl sugiere algunas líneas de actuación:

a) Asegurar que la información sobre el programa político es accesible sin dificultades y de forma universal a todos los ciudadanos
b) Posibilidad de influir en la elección de los temas sobre los que se dispone información
d) Participar de forma significativa en los debates políticos

NUEVAS TECNOLOGÍAS Y DEMOCRACIA

Lo que vuelve técnicamente posible todos estos elementos son las nuevas tecnologías de la información. Sin embargo, hay que tener presente que, si bien todos los ciudadanos pueden llegar a tener la posibilidad de acceder a dicha información, es necesario también garantizar una comprensión adecuada de la misma, puesto que si ésta no existe, el acceso a ella no garantiza  que la votación asegure las políticas que protejan sus intereses. Por otro lado, ¿cómo será posible asegurar que la información puesta a disposición es la mejor posible?, ¿no podrán las misma élites políticas manipular dicha información?

Probablemente, la eficacia del método de las “aproximaciones sucesivas” no requiere que todos los ciudadanos estén bien informados, sino que sólo una masa crítica lo esté, una cantidad lo bastante numerosa y activa como para estabilizar el proceso. Las extremadamente complejas circunstancias que rodean la implementación del incremento de participación ciudadana, hacen difícil pensar que este objetivo de participación del 100% de la población sea fácil de conseguir. Por tanto, se trataría, en palabras del autor, de buscar una cantidad estadísticamente representativa para cada asunto en concreto, que pudiese deliberar y votar acerca del mismo (5): sólo pueden formularse juicios sobre la mejor reglas de decisión colectivas después de una cuidadosa evaluación de las circunstancias que van a envolver a la toma de estas decisiones, y los juicios de esta participación ciudadana derivarían su autoridad de la legitimidad misma de la democracia.  Esta agrupación se reuniría gracias a las telecomunicaciones, y constituiría un complemento a la política institucionalizada.

DESAFÍOS

No obstante, existen algunos desafíos que esta nueva forma de democracia necesitaría, y uno de ellos es la educación cívica de los ciudadanos. Es evidente que la cantidad y calidad de información puede reducirse significativamente gracias a los partidos políticos y grupos de interés, pero la educación cívica de los ciudadanos deberá superar las barreras de la creciente internacionalización de la política (las acciones que afectan a la vida de estos tienen lugar en áreas cada vez más extensas), el aumento de la complejidad y dificultad de los asuntos públicos a tratar, así como el aumento de la información disponible gracias al incremento de la disponibilidad de medios de comunicación. Como consecuencia de ello, una de las necesidades de los países democráticos es potenciar las capacidades de los ciudadanos para implicarse inteligentemente en la vida política.

A mi juicio, dos son los vectores  o fuerzas que, actualmente, actúan sobre la democracia:

a) Una primera fuerza es la que vacía de contenido o de legitimidad a las instituciones políticas clásicas, transfiriéndola a otras entidades cuyos miembros no han sido elegidos democráticamente (6), proceso propio de la internacionalización o globalización.

“A falta de un cambio fundamental en su gobernanza, la manera más importante de garantizar que las instituciones económicas responsan mejor ante los pobres, el medio ambiente, las amplias inquietudes políticas y sociales (…)es aumentar la apertura y la transparencia.
(…)
La transparencia es aún más importante en entidades públicas como el FMI, el BM y la OMC, porque sus dirigentes no son elegidos directamente. Son públicos pero sin responsabilidad directa para con el público.
(…)
El apego del FMI al secreto es natural (…) La comunidad financiera ve el secreto como algo natural (…) Pero el FMI no es un banco privado sino una institución pública

Joseph Stiglitz “El malestar en la globalización” (Ed Taurus Pensamiento)

b) La otra fuerza que tiende a vaciar de contenido es la desarrollado en este texto: aquella que, debido principalmente a la heterogeneidad de la sociedad actual, multiplica los intereses existentes.
  Los partidos de masas nacieron fuera de los parlamentos a partir de organizaciones de la sociedad civil y gracias, principalmente, a la fuerza aglutinadora de los sindicatos. Con  el tiempo, esta masificación se ha reducido. El modelo de automóvil Ford T  (1908-1927) es el paradigma de la sociedad que vio nacer los partidos políticos de masas (“Pueden elegir el color del coche, siempre que sea negro”, Henry Ford). ¿Es concebible hoy día un planteamiento similar? Los modelos se multiplican. ¿Hay que actuar de forma parecida a como se hizo hace un siglo, multiplicando el número de partidos políticos, y que atiendan a cada uno de los sectores aparecidos?, ¿hasta qué punto puede resistirse este fraccionamiento?, ¿está viéndose reflejado este fraccionamiento en el actual panorama político español? Recuperada o fortalecida la legitimidad vía punto a), ¿no sería necesario reforzar la legitimidad de los partidos coordinando sus actuaciones con los movimientos sociales específicos? Hoy es la Plataforma para los Afectados por las Hipotecas (PAH), ¿cuál será, cuáles serán las siguientes plataformas?, ¿puede la sociedad permitirse el actual nivel de conflictividad social?.
Quizá ha llegado el momento de dar un salto adelante y anticiparse. La democracia no será, en un futuro, igual a la de nuestros antecesores, como tampoco serán iguales las circunstancias en las que ésta se desarrollará.


Daniel Perelló Matheu
Licenciado en derecho y cursando Màster en Anàlisi Polític de la UOC

NOTAS
(1) “En los EEUU, donde primero comenzó este desplazamiento de tecnologías de segunda ola -carbón, ferrocarriles, caucho, automóviles, etc- a tecnologías de tercera ola –computadoras y procesamientos de datos, aeroespaciales, petroquímica, avanzadas comunicaciones, etc- en algún momento de mediados de 1950, viejas regiones como el valle Merrimack, en Nueva Inglaterra, cayeron en la situación de zonas deprimidas, mientras que lugares como Route 128 en las afueras de Boston o “Silicon Valley”, en California, adquirieron extraordinaria importancia, con sus hogares suburbanos llenos de especialistas en física de estados sólidos, ingeniería de sistemas, inteligencia artificial o química de polímeros
Alvin Toffler, “La Tercera Ola”, 1980

(2) “La llamada economía del consumo y la política del capitalismo empresarial han creado una segunda naturaleza en el hombre que lo condena libidinal y agresivamente a la forma de una mercancía. La necesidad de poseer, consumir, manipular y renovar constantemente la abundancia de adminículos, aparatos, instrumentos, máquinas, ofrecidos e impuestos a la gente; la necesidad de usar estos bienes de consumo incluso a riesgo de la propia destrucción, se ha convertido en una necesidad “biológica” en el sentido antes dicho.
Herbert Marcuse, “Un ensayo sobre la liberación”, 1969

(3)“La ciudadanía se ha integrado y manifestado con frecuencia también en movimientos sociales al margen de ellos [partidos políticos, sindicatos y gremios empresariales], o paralelos, o hasta hostiles a ellos. Desde ciertos movimientos nacionalistas a aquellos que sólo deseaban una reforma electoral o fiscal limitada, o una reforma moral específica, abundan los ejemplos de movilizaciones ciudadanas que nunca fueron encuadradas ni absorbidas por una sola organización política y que sin embargo consiguieron en alguna medida sus objetivos”
(…)
“La segunda parte del siglo XX y los principios del siglo XXI han presenciado la proliferación de movimientos sociales, algunos de ellos de gran alcance, que han surgido de la sociedad civil y producido efectos sustanciales”
Salvador Giner, “Historia del pensamiento social”, 1976

(4)”Es en el desempeño de esta última función [garantía de una cierta redistribución  social de los recursos disponibles] donde el Estado se ve sobrecargado de demandas sociales que no puede atender adecuadamente. A diferencia de lo que cabría esperar, la mera extensión de los procedimientos democráticos en la gestión del Estado no logra resolver los problemas de legitimación que se plantean en estas demandas insatisfechas, sino que más bien los agrava”
“Para leer a Habermas”, Juan Carlos Velasco, 2003

(5) “Mediante el empleo de computadores, telecomunicaciones avanzadas y métodos de encuesta, resulta sencillo no sólo seleccionar una muestra del público, sino también mantener esa muestra actualizada y suministrarle una información puntual sobre las cuestiones a tratar.
(…)
Llegados el momento de la decisión, los representantes elegidos depositarían sólo el 50% de los votos, mientras que la muestra de personas elegidas al azar depositaría electrónicamente el 50% restante. Tal sistema no se limitaría a proporcionar un proceso más representativo que lo que ningún Gobierno “representativo” ha proporcionada jamás, sino que asestaría un golpe demoledor a los grupos de interés especiales y grupos de presión (…)
Alvin Toffler, “La Tercera Ola”, 1980

(6)  Habermas sostiene que la contradicción básica del orden capitalista sigue siendo la apropiación privada de la riqueza pública –dicho en términos del modelo discursivo de la razón práctica: la represión de intereses  generalizables mediante su tratamiento como interesas particulares-. A consecuencia de ello, las decisiones políticas en que se refleja el principio de organización social vigente dejan de ser ipso facto susceptibles de consenso racional
Thomas McCarthy, “La Teoría Crítica de Jürgen Habermas”, Ed Tecnos

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